Botonera

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24.3.17

XIX. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017




Tren de sombras



No hay un “ver las cosas por primera vez”.
Lo que recordamos, lo que advertimos,
es siempre una segunda vez. 
Cesare Pavese

  El cuerpo es una colección de espíritus.
Jean-Luc Nancy

 
A los fantasmas se les puede tratar de dos maneras: abruptamente o con delicadeza. En esto no difieren del resto de seres, reales o irreales, que pueblan el orbe. ¡Dadme una tela con dos agujeritos y removeré el submundo! No se trata en estas pocas páginas de dar cumplida explicación de tales verbosidades, confiadas al tacto del lector (de acuerdo con el principio de caridad interpretativa). Es pertinente recordar, sin embargo, que el orden de la verdad –el orden a partir del cual se establece la diferencia entre lo verdadero y lo falso– se conjuga con el orden y, a menudo, el desorden de la ficción (de acuerdo con un principio, no menos caritativo, de cercanía y distinción). Así como el investigador hace uso de su imaginación cuando elabora una hipótesis, así también el artista hace uso de “la realidad” cuando, en un sentido u otro, la trasciende. Los fantasmas trascienden el sentido o subyacen al orden que lo instaura. Lo blanquean. Son la medida sin cambio universal, el dinero negro de nuestra existencia.
 

 Tren de sombras

Cada término hasta ahora empleado (verdadero, falso, realidad, ficción) está sujeto a una discusión que evitaré en la medida de lo posible –sin perjuicio del buen entendimiento o, en su defecto discursivo (coincidente con el exceso afectivo), de la bondadosa acogida (intuitiva) del texto. Haremos uso del abuso de las palabras (con permiso de John Locke, quien diera este título a uno de sus ensayos). Liberalmente, así pues; confiados a la desenvoltura del lector, autor segundo que dará por buenas o desautorizará estas demandas fantasmagóricas, mayestáticas, encubridoras del yo que escribe ex profeso… ora del ser, ora de algo que no esconde su apariencia de nada. ¿Cómo es que hay fantasmas en vez de totalidades cerradas y opacas? Póngase todo entre paréntesis, excepto lo que en ellos se encierra
[...]


 "Huellas, columpios y fantasmas".
Miguel Ángel Hernández-Saavedra





   



23.3.17

XVIII. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017



Tren de sombras



[...] aunque el trabajo formal del filme es potente e impecable, como todo el cine de Guerin, sin duda uno de los autores más grandes del cine español e internacional (y lo creo sinceramente, no se intenta hacer olvidar con este halago lo que viene después del “pero”), el contenido de las imágenes es uno muy concreto que, en mi opinión, responde al deseo, históricamente marcado, del sujeto burgués masculino, lo que limita, en mi opinión, lamentablemente, las posibilidades de liberación del espacio de la representación.
 
 
 Tren de sombras

Creo, con Nietzsche, que en el fondo, más que átomos lo que hay son fuerzas. En la búsqueda de la esencia, del verdadero significado de las cosas, lo que encontramos no son sus átomos, como sus constituyentes últimos sino a nosotros mismos, nuestra voluntad, que se apropia de las cosas al vivir.
En un primer visionado de la película, parecería que Guerin quisiera desvelarnos lo que realmente hay detrás del metraje encontrado de las películas domésticas de la familia Fleury, si no fuera por un complejo juego de imágenes encadenadas, hacia el último cuarto de la película, que culminan con el plano fijo de una calle de la población de Le Thuit, una calle que desemboca en el río Sena, el cual forma, a su paso por esta población, un lago en cuyas orillas están filmadas muchas de esas películas
[...]


 "La luz que deja pasar
por el ojo de la cerradura".
Jorge Corral Bermejo





   



22.3.17

XVII. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017



 Cines, Santiago Estruch, 2000

Foto © Santiago Estruch



Tal vez lo que retengo no sea más que una sombra,
Pero has de distinguir en ella un rostro eterno.

    Yves Bonnefoy, Del movimiento y la inmovilidad de Douve


Nathalie Sarraute recogía el guante que lanzara Stendhal al advertirnos que “el genio del recelo ha bajado a la tierra” y, en un artículo titulado “La era del recelo”, reflexionaba sobre lo que este nuevo tiempo suponía para la novela y el cultivo de las artes. Allí, Sarraute decía:

El recelo, que está destruyendo al personaje y a todo el desusado aparato que respaldaba su poder, es una de esas reacciones mórbidas con las que un organismo enfermo se defiende y encuentra un nuevo equilibrio. Obliga al novelista a cumplir lo que constituye –según Toynbee, recogiendo la enseñanza de Flaubert– “su obligación más profunda: descubrir lo nuevo”, y le impide cometer “su crimen más grave: repetir los descubrimientos de sus predecesores”.

 
Foto © Santiago Estruch


Sarraute sabía muy bien que nuestra era prefería el documento a la invención, y que esto propiciaba la crisis de la ficción frente al imperio de la no ficción. Ahora que está de moda decir entre los escritores cinematográficos que la frontera entre el documental y la ficción se ha diluido hasta extremos insospechados, parecería que ya no es necesario inventar nada, y que es suficiente con limitarnos a jugar con el material que la realidad pone delante de nuestros sentidos.  La invención ha pasado de moda y géneros como el falso documental o el documental de creación (como si todo documental no fuera un acto de creación) han ocupado el terreno que la inventiva de un autor era capaz de imaginar. Así ya no se necesitan los mitos, o, en todo caso, se revisan en un flujo constante que cada generación deja en legado a la que le seguirá inmediatamente. Pero también constatamos algo en ese relevo: lo inverosímil ha dejado de interesarnos
[...]


 "La invención de Muriel".
Nacho Cagiga





   



21.3.17

XVI. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017




Tren de sombras


Los espíritus… adoptan las formas
y actividades que les otorgan
las esperanzas y pensamientos
de los mortales y los recuerdos
que éstos han atesorado.
Charles Dickens, El Carillón.


MIRAR PARA VER

 
Cuando nos dejan las imágenes filmadas por Gérard Fleury, algunos restos de los paisajes donde ha estado su familia aparecen emborronados en el celuloide dañado y húmedo. Como el movimiento circular de un carrusel, se resisten a irse. Nos hemos quedado con ganas de otra vuelta. Lo que vemos a continuación es una secuencia donde no hemos cambiado de escenario: la ciudad de Le Thuit regresa a nosotros pero con sus habitantes de hoy. Inevitablemente volveremos nuestros pasos al viejo caserón de Fleury, ahora abandonado, aunque no vacío. Dentro asistiremos a un retorno al pasado que ya hemos visto. ¿Es ese retorno orquestado por una invocación inconsciente que yace latente en las esquinas del caserón? El espectro de Le Thuit no ha terminado con nosotros aunque pensemos que nosotros sí hemos terminado con él.




 Tren de sombras


En muchas historias de fantasmas, y Tren de sombras (1997) lo es, estos pueden ser huellas dejadas a través del tiempo que retornan como un resto de algo que quedó por resolver, asuntos que los vivos no zanjaron. Podríamos tomar como ejemplo clásico los relatos de fantasmas y espectros escritos por Charles Dickens. En ellos siempre tenemos la misma situación: un hombre rígido enfrentado a sí mismo. Desde el hosco Gabriel Grumb de Historia de unos goblins que raptaron a un enterrador, pasando por el humilde Toby Veck de El Carillón, sin olvidar al avaro Ebenezer Scrooge del popular Cuento de Navidad, todos estos personajes comparten el no mirar su existencia y la de los que les rodean desde una perspectiva que les permita trascender su clase social y sus valores. En estos y otros relatos del inglés las imágenes espectrales manifiestan lo que los protagonistas pasan por alto en la vorágine del ahora. Todos entran en un estado de trance donde lo invisible se hace visible, sugiriendo rumbos de acción antes no considerados
[...]


 "Derivas de una invocación".
Mariana Freijomil





   



ÁLBUM - PAVESAS







20.3.17

XV. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017




Tren de sombras



Decía Cocteau que el cine “toma a la muerte en el trabajo”. Toma, capta. ¿Captura? No: es el cine el que debe ceder, lo que hace cada vez que alguien dice “corten” o cuando se acaba el rollo (o la cinta, o la fuente de energía). La muerte sigue pasando, visible, sonora, sujeta a su trabajo, pero escapa: virtualmente infinita, en la medida en que ha de trabajar mientras la vida dure y esta sigue siempre más allá de cualquier desfallecimiento. No hay espejo capaz de seguirle el paso y por eso el relato, al constituirse, ha de renunciar a tal persecución para retomar el combate donde mejor se defiende: en el espacio cerrado, aun volcado por completo a su propia exposición, de un escenario, con su fatal y clásica por eso unidad de acción, lugar y tiempo. Ya que es precisamente la imposición de la idea de conjunto a la materialidad de unos fragmentos, como a las islas con que se lo forma la noción de archipiélago, la que conforma un relato, una obra, un todo en un sinnúmero de pasajeras piezas sueltas. Es esto lo que se hurta a la muerte: el concepto, capaz de renacer cada vez que alguien lo comprende de uno u otro modo, que mantiene lo perecedero junto en un bucle como abstraído de la sucesión del tiempo, que lo dispersaría. Descomposición: cuando se rompe la relación entre las partes –así dice Spinoza–, como ocurre cuando un fragmento de cine –el plano aislado, más válido como ejemplo cuanto más imposible sea de restituir en una secuencia– aparece mezclado en un clip o perdido en cualquier recopilación de materiales heterogéneos, resurge a la superficie claramente la obra de la muerte en el momento de su realización, segundo a segundo, ya sin el velo de eternidad prestado por la integración de lo concreto allí agonizante al discurso abstracto que sirve y por el que justifica su sostenida presencia. Mejor aún, como ejemplo, si no se trata de una estrella, si no hay un nombre bajo el que ubicar la persona o el lugar a la vista, si no es posible fechar ese momento sorprendido. Puesta al desnudo por el anonimato, la imagen en movimiento sin un cosmos que la sostenga es inexorablemente la muerte en escena. Nostalgia y angustia concentradas en los fotogramas que resurgen de un tiempo ido, pasado como el presente pasa. O el testimonio de Wim Wenders sobre los últimos días de Nicholas Ray: cuando hablabas con él estaba vivo, pero en cuanto lo mirabas a través de la cámara era evidente que se estaba muriendo [...]


 "Cine fantasma".
Ricardo Baduell





   



17.3.17

XIV. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017





Tren de sombras



Efectivamente, el jardín escondía un abismo, como del espíritu griego afirmara Nietzsche. Hay un régimen solar de la imagen, que se corresponde con esa concepción algo ridícula (y winckelmanniana) de la luminosidad helénica y autocentrada, que es también la del espacio burgués y dominical, ajardinado, de amor profano y familiar, que custodia –cree custodiar– con su cámara de aficionado Gérard Fleury. Es el rozarse y entrecruzarse de los cuerpos luminosos. Pero hay además –es lo que finalmente asoma- un régimen nocturno de la imagen donde aparece el amor oscuro, nocturno, acaso inhumano. Entonces, esos seres cuyas imágenes no sabían de opacidad, ni de secretos, de mortalidad ni de angustia, de repente sufren la disolución en la fiebre tenebrosa de la noche, la pasión y el olvido,  gemela de la enfermedad del tiempo y el río que degrada sin piedad el fotograma, lo que tal vez sea un símbolo, o un síntoma, en el sentido psicoanalítico. Es, en fin, la noche, que toda razón disuelve sin remedio.


 
 
 
 Tren de sombras


Y entonces, cuando cae la noche, todo, la mansión, el parque o el jardín, donde la naturaleza está junto a los objetos de la civilización y  las estatuas de los mitos tranquilizadores, parece vacilar bajo el rumor de los árboles. Lo que antes se mostraba como la mera faz de un placer superficial, ahora, en los repliegues del espacio familiar, del terreno y de la imagen misma, se convierte de pronto en una ilusión inquietante y hasta ominosa; se pone en manos de la noche misma, que parece jugar sádicamente con ella y nos arrastra hacia el oscuro corazón del jardín. Allí donde experimentamos el eclipse de la limitada eficacia o la docilidad ingenua de un filme de domingo y aflora la sinrazón de una misteriosa muerte [...]


 "El corazón oscuro del jardín".
Alberto Ruiz de Samaniego





   



SWANN LIBROS - LITERATURA - SHANGRILA




Próximamente la literatura jugará un importante papel en
Shangrila con Swann libros





ÁLBUM - PAVESAS







16.3.17

y XV. "ABEL FERRARA. EL TORMENTO Y EL ÉXTASIS", Rubén Higueras Flores y Jesús Rodrigo García (coords.), Shangrila 2017







XIII. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017




Rodaje de Tren de sombras



El (tren) tiempo fílmico (en sombras)

Hay una danza sobre el tiempo que se escribe en ciertas páginas de Deleuze, al trasluz de su particular interpretación de Bergson, y que señala que nuestra experiencia de lo temporal no puede ser medida en pequeños fragmentos, en pequeños ahoras. Bergson, por cierto, se equivocó radicalmente al pensar el cine y dar por sentado que el tiempo fílmico era, de alguna manera, la unidad de los 24 fotogramas que se despliegan en un segundo. La comparación entre el segundero y la manera en la que el proyector desliza cada imagen contra la pantalla en blanco es, simple y llanamente, errónea.

Pero vayamos todavía más despacio. Tomemos, por ejemplo, las dos siguientes imágenes:




Tren de sombras


De la primera se puede decir que es, en esencia, materia. Es huella fílmica, rascadura, borrado, pero al mismo tiempo, huella de tiempo. El tiempo en el que la película reposa, olvidada, en la estantería de una filmoteca o un salón familiar, los procesos químicos que la erosionan, los líquidos que desprende y que deforman sus bordes, su textura o su color. Fíjense en la paradoja: el cine digital se resiste a ser erosionado por el tiempo, su promesa es la del visionado perfecto, el de la imagen cristalina, el de la duración eterna. Y sin embargo, en una pirueta nostálgica fácilmente entendible –allí donde no hay experiencia del tiempo únicamente queda el pánico–, los programas de edición incorporan filtros que provocan artificiales rascaduras, quemaduras, veladuras sobre las imágenes digitales [...]


 "(Des)velar el tiempo: Secretos a través
de la mirada del espectador de cine".
Aarón Rodríguez Serrano





   



15.3.17

XII. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017


Matrosen (Marineros), Gerhard Richter, 1966, óleo sobre tela


Tren de sombras



[...] Gérard Fleury se pierde en la bruma sobre el lago. Está de espaldas. Será verdad lo que suceda mientras esté de espaldas a la cámara. No lo sabremos nunca. 

Solo sabemos que hubo una laguna Estigia y un barquero, que remaba y cruzaba la laguna. Llevaba en la barca las almas errantes de los muertos. Las conducía hacia el reino de las sombras. Los muertos solían enterrarse con una moneda debajo de la lengua, para pagar el servicio de Caronte. Está escrito en los libros de mitología. Pero ¿quién puede confiar en los libros?


Anoche estuve en el reino de las sombras. No les podría contar lo que sentí, se resiste a inmolarse en la escritura. Quizá algún día encontremos, perdida en ese reino, una película rodada por fantasmas, por ese fantasma en el que se convirtió Fleury. No llevaba una moneda en la boca. Llevaba, en su lugar, su antigua cámara, posada como un pájaro en el trípode. Estaba de espaldas, ya lo dije, de pie junto a esa cámara. La bruma ya abría su mandíbula, como un intersticio entre fotogramas, como un crack-up que es una rajadura y es un borde, tendidos como luminosos filamentos, trampas del mundo para el extravío. 


No había Ministerio de Guerra, no estaba Leland Stanford cuando Guerin filmó su Tren de Sombras. Guerin hizo este tren como una ofrenda a la república ficticia del cine, una manera de decir que lo hizo para sí mismo, y también para nosotros. Como un matrosen pintado por Richter, lanzó este tren al mar, como si los trenes fueran una botella con mensaje y el mundo fuera un mar, y no este barro atroz. Guerin, como un passeur, nos entregó este tren de sombras que refulge. En el barro, refulge, y en los rieles del mundo “tal cual es”, tal cual lo dejamos ser, se descarrila. 


Buen viaje, marineros. No será hasta la vista. 


De ese reino de sombras que es el cine, no se puede volver
[...]


 "Nos han visto".
Mariel Manrique





   



14.3.17

XI. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017




Cinderella or The Magnificent Slipper, Georges Mèliés, 1907

Les tulipes, Segundo de Chomón, 1907


[...] La infancia del cine que evoca la película va más allá de las conmemoraciones convencionales que recuerdan las primeras vistas de los hermanos Lumière o de las retrospectivas que apelan a las “grandes” películas del cine. La evocación de José Luis Guerin propone encontrarse con las primeras experiencias del cine amateur, con las primeras experiencias de la cronofotografía (congelaciones de imágenes y descomposición del movimiento que recuerdan las experiencias de Marey, Muybridge y Demeny), con el inicio del cine (Lumière, Chomón, Méliès), con la infancia del cineasta (los cineastas amateurs: Fleury y sus camaradas), con la niñez del espectador (sombras proyectadas) y del cinéfilo (amor al cine, a las películas, al celuloide, a las mujeres grabadas, etc.). Al celebrar el primer centenario del cine con las (falsas) viejas películas de uno de los primeros cineastas amateurs, muerto de forma misteriosa, José Luis Guerin presenta también la historia del cine como una historia de fantasmas, una historia encantada, poblada de posibilidades.

Al trabajar la historia del cine a partir de un corpus definido (las grabaciones del señor Fleury, el cuerpo fílmico del cineasta amateur) y manipulado (el trabajo de escritura del filme se hace visible hasta en su materialidad), José Luis Guerin afirma el carácter sensual y voluptuoso del trabajo de creación, la lectura y la escritura fílmica. Re-escribiendo la(s) historia(s) del cine, permite abrir sus perspectivas y desplegar el hilo de una historia del cine experimental, documental y de fricción en España
[...]


 "La historia a contratiempo".
Myriam Mayer





   



13.3.17

XIV. "ABEL FERRARA. EL TORMENTO Y EL ÉXTASIS", Rubén Higueras Flores y Jesús Rodrigo García (coords.), Shangrila 2017




[...] “la vida”, en Ferrara,
es el capitalismo como catástrofe.

Juego peligroso, Abel Ferrara


[...] El “hogar”, en la concepción habitual del término, es en Ferrara un espacio institucional destinado al desmoronamiento. Todo en Ferrara cae, toda trayectoria es descendente y se refleja en vínculos laterales, de película en película y dentro de cada película en sí misma [...]


 "Hágase mi voluntad.
En torno a Juego peligroso ".
Mariel Manrique